Alimentación y Medios de Comunicación

En la actualidad los patrones de belleza son muy exigentes: se nos hace creer que un cuerpo delgado es sinónimo del éxito. Esto ha llevado a muchas mujeres a la depresión, la pérdida de autoestima y al desarrollo de hábitos alimenticios nocivos.

Para muchos analistas, las raíces de estas exigencias son económicas: al presentar un ideal difícil de alcanzar, las industrias de cosméticos y productos dietéticos aseguran su crecimiento y sus ganancias.

El cuerpo delgado, que todas las mujeres buscan, está muy sobrevaluado. Que se confunda tanto la figura con el éxito es preocupante.

Los mensajes que los medios “tiran” en sus consejos para adelgazar, publicidades y las imágenes de las modelos, muchas veces mejoradas por tecnologías como el PhotoShop generan un rechazo al cuerpo normal de las adolescentes y jóvenes.

Los factores sociales, en donde vemos la influencia de la publicidad, la moda y la televisión, los cuales crean prototipos de una figura socialmente aceptable, utilizan como bandera a las modelos y artistas famosos de la farándula.

Los medios de comunicación, la publicidad y la industria de la dieta tienden a colocar estándares de belleza en la sociedad actual prácticamente inalcanzable.

Ante las imágenes que muestran los medios de comunicación de adolescentes irrealmente delgados muchos podrán sucumbir a los desórdenes alimenticios por la presión extrema de tener cuerpos delgados.

Atletas, gimnastas, bailarines, figuras del patinaje y modelos también son personas en riesgo, dado que su profesión exige que su cuerpo sea su herramienta de trabajo, y por eso tratan continuamente de mejorarlo, incluso llegando a estos extremos.

Hasta ahora se habían publicado algunos estudios que intentaban medir la influencia de los medios en el desarrollo de los trastornos alimenticios en las jóvenes. El gran avance de uno de los grupos fue cuantificar el tiempo que dedicaban las chicas estudiadas a los diversos medios de comunicación. Así han conseguido demostrar estadísticamente que el alto consumo de revistas para adolescentes (más de una a la semana) y un gran número de horas escuchando radio (más de una hora al día) son un factor de riesgo para el desarrollo de anorexia o bulimia. Sin embargo, no encontraron no una relación con el número de horas que pasaban delante de la televisión. Este hecho llama la atención, ya que en otros trabajos sí se había encontrado esta relación, especialmente si los programas contenían videos musicales. Los medios televisivos, con la difusión de productos Light, pastillas para adelgazar, tratamientos especiales para perder peso y también con los programas que mezclan la vida personal de las modelos, generando la admiración de las jóvenes producen una confusión personal/profesional que influye drásticamente en los valores sociales de esta nueva generación.

Expansión

Internet fue un medio importante de expansión de estos trastornos: las páginas que promueven la anorexia y la bulimia crecieron a un ritmo muy acelerado en los últimos años. Esto contribuyó a que la franja de edad aproximada de mujeres afectadas por trastornos alimenticios se extendiera.

Además, los investigadores informan que las revistas para mujeres tienen 10 veces y media mas anuncios y artículos que promueven la pérdida de peso que las revistas para hombres; más de ¾ partes de las portadas de las revistas femeninas incluyen al menos 1 mensaje sobre como cambiar el aspecto del aspecto de las mujeres por medio de dieta, ejercicio o cirugías.

La televisión y el cine refuerzan la importancia de un cuerpo delgado como medida del valor de una mujer: los personajes femeninos más grandes tienden a recibir comentarios negativos sobre sus cuerpos de parte de los personajes masculinos, que son seguidos por las risas del público.

Los anuncios publicitarios que rigen el mercado siguen la moda de la delgadez. Veinte años atrás la modelo pesaba un 8% que la mujer normal, pero las modelos de hoy en día pesan un 23% menos. Los anunciantes creen que las modelos delgadas venden productos.

Todas estas presiones sociales desencadenan en trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia; aunque para llegar a este extremo también es necesaria una debilidad psicológica. Sin embargo, en esta época también estamos viviendo una epidemia de obesidad. Esta contradicción se debe a que si bien se les exige a las jóvenes estar delgadas, también se las bombardean con publicidades de alimentos con alto contenido calórico.

Actualmente el sector de la alimentación con miles de marcas anunciadas en TV es el que más gasta en publicidad. No hay más que mencionar como ejemplos, la introducción del yogurt, refrescos, cereales para el desayuno, productos preparados, postres, etc. A través de la pequeña pantalla los anunciantes han puesto de moda una nueva forma de alimentarse que nada tiene que ver con las tradiciones gastronómicas, como por ejemplo la realización de repostería casera en el hogar.

Parece que la publicidad influye en los adolescentes cuando entra en juego la palatabilidad, induciendo al consumo de bebidas, alimentos ricos en grasa etc. que se caracterizan por su baja densidad en nutrientes. De cualquier manera, los “Mass-media” parecen actuar modulando la elección del consumidor hacia una marca comercial u otra de un mismo alimento. Se ha observado que a medida que aumentaba el número de horas que los adolescentes pasaban delante de la TV, aumentaba la tendencia a consumir alimentos con alta densidad calórica.

A la hora de publicitar alimentos se nos venden más que un producto destinado a nutrir: se venden Alimentos-fuerza, Alimentos-salud, Alimentos-vitalidad, Alimentos-prestigio social. Ha profundizado en la simbología del alimento para vender más y así se proponen los dulces como una recompensa gratificante a nuestras múltiples tensiones.

La pirámide alimenticia recomendada por la televisión es diferente a la tradicional: esta fomentó la obesidad infantil, ya que diferentes estudios indican que la prevalencia de obesidad está directamente relacionada con el aumento del tiempo destinado a ver televisión, en niños y adolescentes. Esto es porque ver televisión representa una actividad pasiva y porque muchos telespectadores consumen diversos productos ricos en calorías mientras ven la televisión, además de las ya explicadas publicidades. Se ha demostrado que por cada hora de incremento de visión de la TV, aumenta la prevalencia de obesidad, tanto en niños como en adultos; convirtiéndose el hecho de ver televisión en un buen preeditor de obesidad. El 44% de los alimentos anunciados en televisión son chocolates, bollería, dulces, precocidos, refrescos, embutidos y salsas. Sólo el 2% es idóneo para la dieta infantil (verduras, frutas y pescados).

Así mismo, por la TV se nos venden productos “Light”, que compramos con la promesa de adelgazar. Lo que mucha gente no comprende es que el concepto de Light de los medios es diferente al nuestro: podemos encontrar publicidad en la que se engaña a los televidentes mostrándoles productos con total ausencia de calorías como lo es la de gaseosas Light, que presentan o “0” calorías o “4” o “6” calorías como máximo en una presentación de medio litro. Los medios de comunicación les ha dado una magnitud impresionante a los productos light dentro de un mundo donde solo se desea adelgazar. Se pueden observar infomerciales que hasta duran 15 minutos en la televisión lo cual ha conllevado a las personas a sentirse influenciadas y manipuladas por mensajes persuasivos convirtiendo a los seres en robots mimetizados por las cultura de la delgadez y del mínimo esfuerzo.

¿De qué estamos hablando?

El término “trastorno alimenticio” se utiliza mucho hoy en día. Este hace referencia a una enfermedad crónica y progresiva en la cual el enfermo se relaciona de alguna forma anormal con la comida y la alimentación. Existen varios, pero los mas extendidos son la bulimia y la anorexia, ya que son los más peligrosos y masivos.

Cecilia A. Fleba, Sabrina L. Grech & Carolina Vannelli

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