Personalmente no me gustan los circos: el ambiente oscuro, los  colores violentes, los gritos y los actos sobrenaturales…Sin embargo,  debo admitir que son un espectáculo fascinante. Literalmente te  trasladas a un mundo de fantasía, de misterio y emociones, donde nada es  lo que parece y todo parece algo distinto a lo que es. 
  Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua  (1992: 480), circo era «el lugar reservado entre los romanos para  algunos espectáculos, especialmente para las carreras de carros y  caballos. Tenía comúnmente forma de paralelogramo prolongado, redondeado  en uno de sus extremos, con gradas alrededor para los espectadores». Se  refiere, claramente, a las batallas por la vida  en la que los  gladiadores o condenados se enfrentaban entre si o con animales.
  El circo es tan antiguo como las artes que recompila: malabarismo,  acrobacia, actuación. Durante la edad media, vivió un período de  decadencia, para luego volver a despertar el interés durante el  Renacimiento. Se habría convertido, entonces, en un espectáculo del  entretenimiento, desarrollado para divertir y despertar la imaginación  del espectador.
  Los elementos característicos de un espectáculo circense varían  según las épocas: en sus inicios fueron los contorsionistas,  equilibristas, malabaristas y acróbatas. Actualmente las artes circenses  son más de 20, entre las que podemos contar pantomima, cuerda floja,  domador, magia, malabarismo y los típicos payasos.
  Como todo espectáculo, su objetivo es entretener. Para cumplir este  objetivo a veces se llega a barbaridades tales como utilizar animales  domados para realizar presentaciones. O incluso a exhibir personas con  deformidades físicas tales como el Hombre Elefante, práctica más propia  de siglos anteriores y que hoy en día esta mas controlada.
  Uno de los circos más famosos del mundo es el Cirque du Solei  (Circo del Sol en francés) que se hizo famoso, entre otras cosas, por  ser uno de los primeros en no utilizar animales para entretener al  publico. Y digo entre otras cosas porque otro de los aspectos más  novedosos de este circo es el que, con la sucesión de diversos artistas y  canciones, va narrando una historia, traslada al público a un mundo  aparte, tal como lo hace una obra de teatro o una ópera.
  Sin duda el circo es algo mágico: en el momento en el que entras en  la carpa de circo, entras a otro universo. Tal como Alicia al caer en el  pozo, entras a un lugar lleno de fantasía, donde vos dejaste de ser  parte del mundo para convertirte en espectador, en testigo de ese nuevo  mundo que se está recreando ante tus ojos. Puede que te guste o no, pero  una cosa es cierta: mientras que el espectáculo se desarrolla, vos  perdés conciencia de tus gustos, tus sentidos, tus dolores. Toda tu  concentración está volcada, en ese momento, hacia el espectáculo. Y al  cerrarse el telón, eso es en realidad lo que vale.
Cecilia A. Fleba

  Personalmente no me gustan los circos: el ambiente oscuro, los colores violentes, los gritos y los actos sobrenaturales…Sin embargo, debo admitir que son un espectáculo fascinante. Literalmente te trasladas a un mundo de fantasía, de misterio y emociones, donde nada es lo que parece y todo parece algo distinto a lo que es. 

  Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (1992: 480), circo era «el lugar reservado entre los romanos para algunos espectáculos, especialmente para las carreras de carros y caballos. Tenía comúnmente forma de paralelogramo prolongado, redondeado en uno de sus extremos, con gradas alrededor para los espectadores». Se refiere, claramente, a las batallas por la vida  en la que los gladiadores o condenados se enfrentaban entre si o con animales.

  El circo es tan antiguo como las artes que recompila: malabarismo, acrobacia, actuación. Durante la edad media, vivió un período de decadencia, para luego volver a despertar el interés durante el Renacimiento. Se habría convertido, entonces, en un espectáculo del entretenimiento, desarrollado para divertir y despertar la imaginación del espectador.

  Los elementos característicos de un espectáculo circense varían según las épocas: en sus inicios fueron los contorsionistas, equilibristas, malabaristas y acróbatas. Actualmente las artes circenses son más de 20, entre las que podemos contar pantomima, cuerda floja, domador, magia, malabarismo y los típicos payasos.

  Como todo espectáculo, su objetivo es entretener. Para cumplir este objetivo a veces se llega a barbaridades tales como utilizar animales domados para realizar presentaciones. O incluso a exhibir personas con deformidades físicas tales como el Hombre Elefante, práctica más propia de siglos anteriores y que hoy en día esta mas controlada.

  Uno de los circos más famosos del mundo es el Cirque du Solei (Circo del Sol en francés) que se hizo famoso, entre otras cosas, por ser uno de los primeros en no utilizar animales para entretener al publico. Y digo entre otras cosas porque otro de los aspectos más novedosos de este circo es el que, con la sucesión de diversos artistas y canciones, va narrando una historia, traslada al público a un mundo aparte, tal como lo hace una obra de teatro o una ópera.

  Sin duda el circo es algo mágico: en el momento en el que entras en la carpa de circo, entras a otro universo. Tal como Alicia al caer en el pozo, entras a un lugar lleno de fantasía, donde vos dejaste de ser parte del mundo para convertirte en espectador, en testigo de ese nuevo mundo que se está recreando ante tus ojos. Puede que te guste o no, pero una cosa es cierta: mientras que el espectáculo se desarrolla, vos perdés conciencia de tus gustos, tus sentidos, tus dolores. Toda tu concentración está volcada, en ese momento, hacia el espectáculo. Y al cerrarse el telón, eso es en realidad lo que vale.

Cecilia A. Fleba

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